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Me preguntaste por qué me costaba tanto perdonarte.

Es que me diste justo en el corazón del lenguaje, y ya sabes cuanto creo en las palabras.

Me diste justo en el centro de la poesía.

Buscaste asesinar utilizando, manipulando, y mintiendo con todas las palabras que alguna vez te presté.

Me ha costado años reconstruir la casa del lenguaje,

Imaginas yo pudiera perdonarte y construirnos? Se suicidarían mis palabras. Moriría la casa del lenguaje, y qué sería de mi sin todos esos caminos que me devuelven a casa.

“Las palabras son sagradas, buen amigo”

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