12 DE OCTUBRE

(Texto antiguo con vigencia permanente)
La frase “Nada que festejar” cala hondo en mí cada Octubre. Cada vez que mis alumnos se alegran por el feriado les pregunto ¿Saben qué se celebra? la respuesta cala aún más hondo: El día de la raza “miss”; y ahí me quedo yo, perpleja, cuestionándome mi rol de profesora de inglés,  preguntándome como puedo estar enseñándoles vocabulario, cultura americana e inglesa a niños que no tienen idea de su propia cultura, de su propia identidad.
Ilustración: Pablo Rojas
¿Es sólo error de sistema esta falta de identidad? Existe una relación directa y oscura. En el aula podemos identificar muchos de los resultados de este proceso de eliminar todo lo que tenga que ver con nuestros orígenes como pueblo. Los apellidos indígenas no son motivo de orgullo. Los apellidos,  la piel morena y los pómulos altos son verdaderos delatores, motivos de vergüenza. Nace otra pregunta.  Si el colegio no se preocupa de abarcar estos temas ¿deberíamos reforzarlos en la casa?, tal vez, pero dudo que en todos los hogares chilenos exista información sobre nuestro pasado indígena. Yo misma no tengo los conocimientos suficientes para profundizar en el tema, ni siquiera conozco a alguien que me instruya, tengo voluntad, pero, como muchos, dedico más tiempo a quejarme de la situación que a construir verdaderas redes de conocimientos que marquen la diferencia entre nuestra ignorancia abismante y un mundo de conocimientos por descubrir.
Este 12 de Octubre me planteo algo distinto. Podría pasarme todos los 12 de Octubre quejándome, maldiciendo los ojos de Rodrigo de Triana al avistar tierra. Podría twittear todos los 12 de Octubre que no es el Día de la Raza, que los designios impuestos no tienen por qué ser nuestros designios como pueblo, pero no serviría de mucho quedarme en exponer mis opiniones si no hago algo que aporte a un cambio paulatino, pero real.
Soy profesora de inglés y me da vergüenza saber más de cultura Inglesa y norteamericana que de mi propia cultura, partiré desde esa base entonces. Creo que los conocimientos que uno tenga no se sostienen si uno no tiene conciencia de su origen, de su idiosincrasia. Creo que este es un tema país, se debe construir conocimientos desde adentro, desde la propia identidad para proyectarla, para adquirir y empaparse de culturas nuevas. “No se puede” -me dijo una colega recientemente- “si el colegio sabe que uno da su opinión te van a acusar de querer lavarles la cabeza a los niños con ideas subjetivas que no representan al resto”. Y obvio, uno tiende a asustarse con este tipo de comentarios.
Ellos siempre actúan desde su propio miedo e intentan contaminar al resto pero ¿hay que pedir permiso para hablar de cultura e identidad?  ¿Hablar en defensa de los pueblos originarios te hace ir en contra del sistema? ¿Si? ¿No? Entonces callarse para darle permanencia ¿te hace ir en contra de uno mismo?  Ellos no pidieron permiso para borrar nuestra identidad ¿Por qué deberíamos pedir permiso para resucitarla? No es responsabilidad de los profesores de historia solamente; no es responsabilidad de los integrantes de nuestro hogar, es responsabilidad de todos los seres conscientes que buscamos una educación integradora, que necesitamos indagar  en nuestro pasado para construir un futuro mucho más promisorio que el anterior.
Propongo que este 12 de Octubre sea distinto y nos empapemos de historia, que indaguemos, nos eduquemos y difundamos la cultura de nuestros pueblos originarios. Que este 12 de Octubre no sea el día de su “descubrimiento” que este 12 de Octubre sea nuestro día, el día de nuestro propio descubrimiento, nuestro encuentro de dos mundos, pero no con el mundo de ellos como se espera, con el de nosotros, con ese mundo que nos han querido borrar de nuestras mentes, ese mundo que estaba desde mucho antes de lo que ellos llaman “descubrimiento”.

Lorena Sinclair

¿Viva San Fermín?

¿Viva San Fermín?

 

Desde el seis al catorce de Julio la ciudad de Pamplona, España, se viste de rojo sangre para celebrar a su primer Obispo, San Fermín.

La fiesta es famosa debido al encierro. El encierro se realiza todos los días de fiesta en la mañana y consiste en correr o “arrancar” de los toros que son liberados por unos minutos. Leí en un medio electrónico que un toro “bueno” alargó el primer encierro, el toro “bueno” estaba tranquilo, no quiso embestir en contra de ninguno de los humanos que lo esperaban. La pregunta obvia es ¿Existe el toro malo? Terrible suerte la de un toro al nacer en España, país bárbaro en términos de maltrato a su especie. Tauromaquia sangrienta disfrazada de cultura y tradición. Pueblo bárbaro.

 

En Chile, país de rodeo tenemos eventos similares, ambas celebraciones marcadas con sangre animal en nuestras tradiciones, ambas fiestas de cobardes. A modo de viral circula por internet una imagen de una niña y un toro, el toro le dice “Niña no tengas miedo de mí cuídate del que te trajo aquí”. ¿Cómo le explicas a un niño una fiesta como la de San Fermín? ¿Cómo les dices que a pesar de estar conscientes del sufrimiento animal los humanos ponen en riesgo sus propias vidas por una tradición?

Si analizamos el comportamiento de las personas que asisten a esta fiesta, podríamos decir que se dejan llevar por la adrenalina, tal vez por el alcohol, y ciertamente por la indiferencia al respeto por la vida. La historia del santo al que celebran no es grandiosa como la fiesta que lo conmemora, ni siquiera existen documentos oficiales que ratifiquen la existencia de San Fermín. La fiesta vendría siendo una excusa, una proyección de la humanidad enferma de la adrenalina que les provoca el peligro, de lo que le provoca esa sensación de superioridad y poderío ante un animal, ante incluso, las mujeres que sirven de estandarte para el manoseo popular a mano alzada. Muchos activistas protestan cada año en contra de San Fermín, pero son los activistas, esos humanos raros que protestan por todo, esos a los que todo maltrato les duele tanto que protestan en vez de celebrar como el humano corriente, esos activistas amargos que lloran en vez de compartir con su gente. Son ellos los que protestan no nosotros, porque el resto del mundo justifica, o no le importa, o lo entiende sólo por ser tradición. ¿Llevarías a tu hijo a una corrida? Y si hacemos la prueba de mirar a un toro a los ojos. No hablo de ver un alma en ellos, tampoco apelo a sentimentalismos baratos, pero haz la prueba, mira a cualquiera animal a los ojos, imagínate que eres tú. ¿No te da terror el ser humano? ¿No te da terror San Fermín? ¿Será esta hora la del cambio de actitud? ¿Será que los humanos merecemos todo lo malo que sucede en el mundo por no saber vivir en armonía en el? Leo a un niño doce años que dice que le duele el alma  ver imágenes de los toros,  dice que quiere que los toros  maten a todos los humanos. Tan joven y con tanta rabia, pienso. ¿Será esta la hora en que los niños nos digan cuan ridículas son nuestras tradiciones?  ¿Será este el cambio que esperábamos los románticos? Cuando leo que una niña escribe en el libro de visitas que el zoológico tiene jaulas muy pequeñas y que los animales sufren y que detestó la visita, pienso que tal vez tenemos una oportunidad en la tierra. Tal vez algún día sean esos niños los que nos avergüencen con ese sentido de humanidad que nos falta, tal vez ya dejen de existir los activistas y sea la sociedad completa la que condene fiestas como las de San Fermín.

Tal vez algún día el humano sea menos terrible como ser y no necesite confirmar su poder y supuesta superioridad ante un animal indefenso que cornea por desesperación. Digo supuesta superioridad porque el toro nunca es malo o bueno, es víctima de las circunstancias, víctima de la inferioridad del ser humano deshumanizado.

¿Serán nuestros niños los que cambien esta realidad que les heredamos? ¿Cuál será nuestro aporte?